
ILUSTRACIONES |
Un día Meher Baba preguntó a sus mandalies lo
siguiente:
- ¿Por qué la gente se grita cuando están enojados?
Los hombres pensaron unos momentos:
- Porque perdemos la calma - dijo uno - por eso gritamos
- Pero ¿Por qué gritar cuando la otra persona está a
tu lado? - preguntó Baba
¿No es posible hablarle en voz baja?
¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?
Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía
a Baba.
Finalmente él explicó:
- Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho.
Para
cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más
enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse
uno a otro a
través de esa gran distancia.
Luego Baba preguntó:
- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan
sino que
se hablan suavemente, ¿Por qué?
Porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy
pequeña - Baba continuó -
Cuando se enamoran más aún, qué sucede?
No hablan, sólo susurran y se vuelven aun más cerca en su amor.
Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo.
Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.
Luego Baba dijo:
- Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras
que los distancien más, llegará un día en que la distancia
sea tanta que no
encontrarán más el camino de regreso.
Una vez un Sacerdote estaba dando un recorrido por la Iglesia
al mediodia... al pasar por el Altar decidió quedarse cerca para ver
quién había venido a rezar. En ese momento se abrió la
puerta, el sacerdote
frunció el entrecejo al ver a un hombre acercándose por el pasillo;
el hombre estaba sin afeitarse desde hace varios días, vestía
una camisa rasgada, tenía el abrigo gastado cuyos bordes se habían
comenzado a
deshilachar. El hombre se arrodilló, inclinó la cabeza, luego
se levantó y se fue. Durante los siguientes días el mismo hombre,
siempre al mediodía, estaba en la Iglesia cargando una maleta... se
arrodillaba brevemente y luego volvía a salir.
El sacerdote, un poco temeroso, empezó a sospechar que se tratase de
un ladrón, por lo que un día se puso en la
puerta de la Iglesia y cuando el hombre se disponía a salir le preguntó:
"¿Qué haces aquí?".
El hombre dijo que trabajaba cerca y tenía media hora libre para almuerzo
y aprovechaba ese momento para rezar, "Solo me quedo unos instantes,
sabe, porque la fábrica queda un poco lejos, así que solo me
arrodillo y digo:
'Señor, solo vine nuevamente para contarte cuan feliz me haces cuando
me liberas de mis pecados... no sé muy bien rezar, pero pienso en Ti
todos los días... así que Jesús, este es Jim reportándose".
El Padre, sintiéndose un tonto, le dijo a Jim que estaba bien y que
era bienvenido a la Iglesia cuando quisiera.
El sacerdote se arrodilló ante el altar, sintió derretir su
corazón con el gran calor del amor y encontró a Jesús.
Mientras lágrimas corrían por sus mejillas, en su corazón
repetía la plegaria de Jim:
"SOLO VINE PARA DECIRTE, SEÑOR, CUAN FELIZ FUI
DESDE
QUE TE ENCONTRE A TRAVES DE MIS SEMEJANTES Y ME LIBERASTE DE MIS
PECADOS... NO SE MUY BIEN COMO REZAR, PERO PIENSO EN TI TODOS LOS
DIAS....ASI QUE JESUS, SOY YO REPORTÁNDOME".
Cierto día el sacerdote notó que el viejo Jim no había
venido. Los días siguieron pasando sin que Jim volviese para rezar.
Continuaba ausente, por lo que el Padre comenzó a preocuparse, hasta
que un día fue a la fábrica a preguntar por él; allí
le dijeron que él estaba enfermo, que pese a que los médicos
estaban muy preocupados por su estado, todavía creían que tenía
un chance de sobrevivir.
La semana que Jim estuvo en el hospital trajo muchos cambios, él sonreía
todo el tiempo y su alegría era contagiosa. La enfermera Jefe no podía
entender por qué Jim estaba tan feliz, ya que nunca había recibido
ni flores, ni tarjetas, ni visitas. El sacerdote se acercó al lecho
de Jim con la enfermera y ésta le dijo, mientras Jim escuchaba:
"Ningún amigo ha venido a visitarlo, el no tiene a donde recurrir".
Sorprendido, el viejo Jim dijo con una sonrisa:
La enfermera está equivocada... pero ella no puede saber que
TODOS LOS DIAS, desde que llegué aquí, a MEDIODIA, un querido
amigo mío viene, se
sienta aquí en la cama, me agarra de las manos, se inclina sobre mi
y me dice:
"SOLO VINE PARA DECIRTE, JIM, CUAN FELIZ FUI DESDE QUE ENCONTRE TU
AMISTAD Y TE LIBERE DE TUS PECADOS.SIEMPRE ME GUSTO OIR TUS PLEGARIAS, PIENSO
EN TI CADA DIA...ASI QUE JIM,
ESTE ES JESUS REPORTÁNDOSE".
Aún no llego a comprender, como ocurrió, si fue real o un sueño.
Solo recuerdo que ya era tarde y estaba en mi sofá preferido, con un
buen libro en las manos. El cansancio me fue venciendo y empecé a cabecear
...
En algún lugar entre la semi inconsciencia y los sueños, me encontré en aquel inmenso salón; no tenía nada en especial, salvo una pared llena de tarjeteros, como los que tienen las grandes bibliotecas.
Los ficheros iban del suelo al techo y parecían interminables en ambas direcciones. Tenían diferentes rótulos. Al acercarme, me llamó la atención un cajón titulado :
“ Muchachas que me han Gustado ”
Lo abrí descuidadamente y empece a pasar las fichas. Tuve que detenerme por la impresión. Había reconocido el nombre de cada una de ellas: Se trataba de muchachas que a mi me habían gustado !
Sin que nadie me lo dijera, empecé a sospechar en dónde me encontraba.
Este inmenso salón, con sus interminables ficheros, era un crudo catalogo de toda mi existencia. Estaban escritas las acciones de cada una de las acciones de mi vida, pequeños detalles que mi memoria había ya olvidado.
Un sentimiento de expectación y curiosidad, acompañado de intriga, empezó a recorrer mientras abría los ficheros al azar, para explorar su contenido.
Algunos me trajeron alegría y momentos dulces; otros, por el contrario, un sentimiento de vergüenza y culpa tan intensos, que tuve que volverme para ver si alguien me observaba.
El archivo : “Amigos”, estaba al lado de: “Amigos que traicioné” y “Amigos que abandoné, cuando más me necesitaban ”. Los títulos iban de lo mundano a lo ridículo.
“Libros que he leído”
“Mentiras que he dicho”
“Consuelo que he dado”
“Chistes que conté”,
otros títulos eran :
“Asuntos por los que he peleado con mis hermanos”,
“Cosas hechas cuando estaba molesto”,
“Murmuraciones cuando mamá me reprendía de niño”,
“ Videos que he visto”...
No dejaba de sorprenderme de los títulos. En algunos ficheros habían muchas más tarjetas de las que esperaba y otras veces, menos de lo yo pensaba.
Estaba atónito del volumen de información de mi vida que había acumulado.
¿ Sería posible que hubiera tenido el tiempo de escribir cada una de esos millones de tarjetas ?
Pero cada tarjeta confirmaba la verdad. Cada una escrita con
mi letra, cada una llevaba mi firma. Cuando vi el archivo ”Canciones
que he escuchado”, quedé atónito, al descubrir que tenía
más de tres cuadras de profundidad y,
ni aún así, vi el fin. Me sentí avergonzado, no por la
calidad de la música, sino por la gran cantidad de tiempo que demostraba
haber perdido.
Cuando llegué al archivo: “Pensamientos lujuriosos”,
un escalofrío recorrió mi cuerpo. Solo abrí el cajón
unos centímetros...me avergonzaría descubrir su tamaño.
Saqué una ficha al azar y me conmoví por su contenido. Me sentí
asqueado al constatar que “ese” momento, escondido en la oscuridad,
había quedado registrado ...
No necesitaba ver más...
Un instinto animal afloró en mi. Un pensamiento dominaba mi mente :
Nadie debe ver estas tarjetas jamás.
Nadie debe entrar jamás a este salón ... tengo que destruirlo... !
En un frenesí insano, arranqué un cajón, tenía que vaciar y quemar su contenido.
Pero descubrí que no podía vaciar y quemar su contenido.
Pero descubrí que no podía siquiera remover una sola del cajón.
Me desesperé y traté de tirar con más fuerza, solo para descubrir que eran más duras que el acero, cuando intentaba arrancarlas.
Vencido y completamente indefenso, devolví el cajón a su lugar.
Apoyando mi cabeza al interminable archivo, testigo invencible de mis miserias, empecé a llorar.
En eso, el título de un cajón pareció aliviar en algo mi situación :
“ Personas a las que les he compartido el Evangelio ”.
La manija brillaba, al abrirlo encontré menos de 10 tarjetas. Las lágrimas
volvieron a brotar de mis ojos. Lloraba tan profundo que no podía respirar.
Caí de rodillas al suelo llorando amargamente de vergüenza.
Un nuevo pensamiento cruzaba mi mente : Nadie deberá entrar en este salón; necesito encontrar la llave y cerrarlo para siempre.
Y mientras me limpiaba las lágrimas, lo vi ...
Oh no !!, por favor no !!, El no !!, cualquiera menos Jesús !!.
Impotente vi cómo Jesús abría los cajones y leía cada una de mis fichas.
No soportaría ver su reacción.
En ese momento no deseaba encontrarme con su mirada.
Intuitivamente Jesús se acercó a los peores archivos.
¿ Por qué tiene que leerlos todos ?.
Con tristeza en sus ojos, buscó mi mirada y yo bajé la cabeza de vergüenza; me llevé las manos al rostro y empecé a llorar de nuevo.
El, se acercó, puso sus manos en mis hombros ...
Pudo haber dicho muchas cosas.
Pero El no dijo una sola palabra.
Allí estaba junto a mi, en silencio.
Era el día en que Jesús guardó silencio ... y lloró conmigo.
Volvió a los archivadores y, desde un lado del salón, empezó a abrirlos, uno por uno, y en cada tarjeta firmaba su nombre sobre el mío.
Oh No !!!, le grité corriendo hacia El.
Lo único que atiné a decir fue solo No!!, No!! Cuando le arranqué la ficha de su mano.
Su nombre no tenía que estar en esas fichas. No eran sus culpas, eran las mías!!
Pero allí estaban. Escritas en un rojo vivo.
Su nombre cubrió el mío, escrito con su propia sangre.
Tomó la ficha de mi mano, me miró con una sonrisa triste y siguió firmando las tarjetas.
No entiendo cómo lo hizo tan rápido. Al siguiente instante, lo vi cerrar el último archivo y venir a mi lado. Me miró con ternura a los ojos y me dijo :
“ Consumado es, está terminado, yo he cargado con tu vergüenza y culpa. "
En eso salimos juntos del salón ... Salón que aun permanece abierto ... Porque todavía faltan más tarjetas que escribir...
Aun no se si fue un sueño, o una visión, o una
realidad ... pero, de lo que si estoy convencido, es que la próxima
vez que Jesús vuelva a ese salón, encontrara más fichas
de que alegrarse, menos tiempo perdido y menos fichas vanas y vergonzosas.
Había una vez un campesino chino,
pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo.
Un día el hijo le dijo:
-!Padre, qui desgracia! Se nos ha ido el caballo.
-?Por qué le llamas desgracia? -respondió el padre.
Veremos lo que trae el tiempo...
A los pocos días el caballo regresó, acompanado de otro caballo.
-!Padre, que suerte! - exclamó esta vez el muchacho.
Nuestro caballo ha traío otro caballo.
-Por qué le llamas suerte? - repuso el padre.
Veamos que nos trae el tiempo.
En unos cuantos días mas, el muchacho quiso montar
el caballo nuevo, y este, no acostumbrado al jinete, se encabritó y
lo arrojó al suelo.
El muchacho se quebró una pierna.
-!Padre, que desgracia! - exclamó ahora el muchacho.
!Me he quebrado la pierna!
Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:
-?Por qué le llamas desgracia?
Veamos lo que trae el tiempo!
El muchacho no se convencía de la respuesta
sino que gimoteaba en su cama.
Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey,
buscando jóvenes para llevarselos a la guerra.
Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada,
lo dejaron y siguieron de largo.
El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia
ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo,
para ver si algo es malo o bueno.
La moraleja de este antiguo consejo chino es que "la vida da tantas vueltas,
y es tan paradójico su desarrollo, que lo malo se hace bueno, y lo
bueno malo.
Lo mejor es esperar siempre el día de manana, pero sobre todo confiar
en DIOS, porque todo sucede con un propósito positivo para nuestras
vidas.....
Leyenda Medieval
Cuenta una antigua leyenda medieval, que en cierta aldea vivía una
persona muy honrada y temerosa de Dios, hombre justo e inteligente.
Cierto día, en la aldea se cometió un crimen y como era muy
frecuente en esos tiempos, y por qué no decirlo, en los actuales, había
que buscar un culpable debido a que el verdadero autor resultaba ser una persona
de mucho poder y muy acaudalada.
Fue así que se echó a andar el mecanismo de complicidades y
encubrimiento y se decidió culpar a este hombre justo, sabiendo que
por su mansedumbre no opondría mayores resistencias.
Se presentó el caso a una corte parcial y el “honorable”
Juez, comprado convenientemente, aparentando tener un alto grado de justicia,
cuando trajeron al inocente frente al estrado exclamó: “ Nos
encontramos frente a una persona justa y temerosa de Dios, por lo tanto vamos
a someter a la Decisión Divina el veredicto si esta persona es o no
culpable del crimen que se adjudica. Voy a escribir en dos papeles las palabras
inocente y culpable, que el acusado deberá escoger con sus propias
manos, y el resultado será el veredicto definitivo que enviará
a la horca o a su casa al presunto reo.”
Dicho esto, el Juez escribió la palabra culpable en los dos papeles,
los dobló y se los ofreció al acusado para que escoja.
El hombre justo, con un gesto de asombro y abatimiento pensó durante
unos instantes y escogiendo uno de los papeles se lo llevó a su boca
y luego de masticarlo se lo tragó, ante el gesto de desconcierto del
juez y el murmullo de toda la sala.
Cuando se hubo recompuesto dijo : “ pues bien, si era verdad que existían
ambas posibilidades, el papel que me comí fue mi elección y
por lo tanto, señor Juez, al leer el papel que ha quedado sano sabrá
cuál fue la decisión de Dios.
Con enorme desazón y gesto adusto el Juez abrió el papel, que
de antemano sabía que decía culpable y de inmediato procedió
a liberar al acusado, quedándose sin argumentos.
MORALEJA
Aún en los momentos más difíciles de nuestras vidas,
en las situaciones más comprometidas, siempre nos queda un resquicio
por donde salir adelante.
Los invito a enfrentar la vida, tal como el hombre justo enfrentó a
la corte parcial, con serenidad, decisión, pero ante todo con fe…
No todo tiene explicación
Sentados en la rama de un árbol, el mono y la mona contemplaban la
puesta de sol. En cierto momento, ella preguntó:
-¿Qué hace que el cielo cambie de color a la hora en que el
Sol llega al horizonte?
-Si quisiéramos explicar todo, dejaríamos de vivir, respondió
el mono. Quédate quieta, vamos a dejar que nuestro corazón disfrute
con este romántico atardecer.
La mona se enfureció.
-Eres primitivo y supersticioso. Ya no le prestas atención a la lógica,
y sólo te interesa aprovechar la vida.
En ese momento, pasaba un Ciempiés.
-¡Ciempiés!, gritó el mono. ¿Cómo haces
para mover tantas patas en perfecta armonía?
-¡Jamás lo pensé!, fue la respuesta.
-¡Pues piénsalo! A mi mujer le gustaría tener una explicación.
El ciempiés miró sus patas y comenzó:
-Bueno... flexiono este músculo... no, no es así, yo debo mover
mi cuerpo por aquí...
Durante media hora trató de explicar cómo movía sus patas,
y a medida que lo intentaba, se iba confundiendo cada vez más. Cuando
quiso continuar su camino, ya no pudo seguir.
-¿Ves lo que hiciste?, gritó desesperado. ¡Con el ansia
de descubrir cómo funciono, perdí los movimientos!
-¿Te das cuenta de lo que ocurre con aquellos que desean
explicar todo?, dijo el mono volviéndose una vez más, para presenciar
la puesta de sol en silencio.
A los 5 años, aprendí que a los pececitos dorados no les gustaba la gelatina...
A los 9, aprendí que mi profesora sólo me preguntaba cuando yo no sabía la respuesta.
A los 10, aprendí que era posible estar enamorado de cuatro chicas al mismo tiempo.
A los 12, aprendí que, si tenía problemas en la escuela, los tenía más grandes en la casa.
A los 13, aprendí que, cuando mi cuarto quedaba del modo que yo quería, mi madre me mandaba a ordenarlo.
A los 15, aprendí que no debía descargar mis frustraciones en mi hermano, porque mi padre tenía frustraciones mayores... y la mano más pesada.
A los 20, aprendí que los grandes problemas siempre empiezan pequeños.
A los 25, aprendí que nunca debía elogiar la comida de mi madre cuando estaba comiendo algo preparado por mi mujer.
A los 27, aprendí que el titulo obtenido no era la meta soñada.
A los 28, aprendí que se puede hacer, en un instante, algo que te va a hacer doler la cabeza la vida entera.
A los 30, aprendí que cuando mi mujer y yo teníamos una noche sin chicos, pasábamos la mayor parte del tiempo hablando de ellos
A los 33, aprendí que a las mujeres les gusta recibir flores, especialmente sin ningún motivo.
A los 34, aprendí que no se cometen muchos errores con la boca cerrada.
A los 38, aprendí que, siempre que estoy viajando, quisiera estar en casa; y algunas veces cuando estoy en casa me gustaría estar viajando.
A los 39, aprendí que puedes saber que tu esposa te ama cuando quedan dos croquetas y elige la menor.
A los 40, aprendí que, si estás llevando una vida sin fracasos, no estas corriendo los suficientes riesgos.
Luego, al pasar de los años aprendí...
Que puedes hacer a alguien disfrutar el día con solo enviarle una pequeña postal.
Que niños y abuelos son aliados naturales.
Que es absolutamente imposible tomar vacaciones sin engordar cinco Kilos.
Que es razonable disfrutar del éxito, pero que no se debe confiar demasiado en el.
Que no puedo cambiar lo que pasó, pero puedo dejarlo atrás.
Que la mayoría de las cosas por las cuales me he preocupado nunca suceden.
Que si esperas a jubilarte para disfrutar de la vida, esperaste demasiado tiempo.
Que nunca se debe ir a la cama sin resolver una pelea.
Que si las cosas van mal, yo no tengo por qué ir con ellas.
Aprendí que envejecer es importante.
Aprendí que amé menos de lo que hubiera debido.
Y hoy... me doy cuenta que todavía tengo mucho para aprender.
"AMAR ES DAR Y COMPARTIR, NO PEDIR"
En cierta ocasión me encontraba en un camino que conducía
hacia una colina.
Al pie de la misma vi a un muchacho montado en bicicleta que se esforzaba
en subir por la colina contra la corriente de aire.
Evidentemente el esfuerzo que tenia que hacer era tremendo. Cuando mayores eran sus fatigas apareció afortunadamente, un autobús que subía la colina en la misma dirección.
Su marcha no era muy acelerada y el muchacho pudo agarrarse con una mano de los barrotes de subida de la parte trasera del autobus.
El lector puede imaginarse lo que sucedió. El muchacho subió la cuesta a las mil maravillas.
Entonces me pregunté:
¿Por qué soy semejante a ese muchacho en mis flaquezas
y fatigas?
Constantemente estoy pedaleando cuesta arriba contra toda clase de oposición
y me encuentro casi extenuado por dicha tarea. Pero, gracias a Dios, tengo
a mano un poder disponible, la fortaleza que me da el creer en Él.
Lo único que tengo que hacer es ponerme en contacto y mantener comunión con él, aunque ya no sea nada más que con un pequeño hilo de fe. Esto me bastará para utilizar su poder en este pequeño servicio que ahora me parece demasiado para mi.
Esto me ayudó para desterrar mis molestias y darme cuenta
de dicha verdad.
Al principio veía a Dios como el que me observaba, como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera.
Era como un presidente, reconocí su foto cuando la ví, pero realmente no lo conocía. Pero luego reconocí a mi Poder Superior. Parecía como si la vida fuera un viaje en bicicleta, pero era una bici de dos, y noté que Dios viajaba atrás y me ayudaba a pedalear.
No sé cuando sucedió, no me di cuenta cuando fue, que Él sugirió que cambiáramos lugares, lo que sí se es que mi vida no ha sido la misma desde entonces...
Mi vida con Dios es muy emocionante. Cuando yo tenía el control, yo sabía a donde iba. Era un tanto aburrido pero predecible. Era la distancia más corta entre dos puntos. Pero cuando Él tomó el liderazgo, Él conocía otros caminos, caminos diferentes, hermosos, por las montañas, a través de lugares con paisajes, velocidades increíbles.
Lo único que podía hacer era sostenerme, aunque pareciera una locura Él sólo me decía: Pedalea!!.
Me preocupaba y ansiosamente le preguntaba, "¿A dónde me llevas?" Él sólo sonreía y no me contestaba, así que comencé a confiar en Él.
Me olvidé de mi aburrida vida y comencé una aventura, y cuando yo decía "estoy asustado", Él se inclinaba un poco para atrás y tocaba mi mano.
Él me llevó a conocer gente con dones, dones de sanidad y aceptación, de gozo. Ellos me dieron esos dones para llevarlos en mi viaje. Nuestro viaje, de Dios y mío.
Y allá íbamos otra vez.
Él me dijo "Comparte estos dones, dalos a la gente, son sobrepeso, mucho peso extra.
"Y así lo hice... a la gente que conocimos, encontré
que en el dar yo recibía y mi carga era ligera. No confié mucho
en Él al principio, en darle el control de mi vida. Pensé que
la echaría a perder, pero Él conocía cosas
que yo no sabía acerca de andar en bici... secretos.
Él sabía como doblar para dar vueltas cerradas, brincar para librar obstáculos llenos de piedras, inclusive volar para evitar horribles caminos.
Y ahora estoy aprendiendo a callar y pedalear por los más extraños lugares.
Estoy aprendiendo a disfrutar de la vista y de la suave brisa en mi cara y sobre todo de la increíble y deliciosa compañía de mi Dios.
Y cuando estoy seguro que ya no puedo más, Él sólo sonríe y me dice: "¡¡¡PEDALEA!!!"
A veces es dificil creer en Dios cuando lo que vivimos no se asemeja a lo que esperabamos de la vida.
Cuando los tiempos son dificiles, cuando la incertidumbre parece ser nuestra unica compañia, cuando la soledad se queda a vivir en casa, y cuando nos sentimos desfallecer porque la debilidad se apodera de nosotros parece que Dios nos abandonó...
Sin embargo en esa debilidad es cuando podemos encontrarlo, pues es ahí en ese momento en que se muestra más que en otros y se acerca para ayudarnos a seguir. Nos tiende sus manos, nos levanta, y nos guia.
Hablamos de fe, pero muchas veces nuestra fe es tan chiquita, tan tierna que como un nuevo brote de una planta ante la minima brisa se desprende.
Fe es sentir que todo es posible, que no estamos solos. Ante
las adversidades, nos resistimos. Nuestra angustia no nos permite avanzar,
nos bloqueamos, nos dejamos morir un poco, renegamos por lo que nos tocó
vivir y no hacemos nada por volver a empezar. Tampoco nos detenemos a mirar
a Dios y
abrirle nuestro corazón para que nos sane y para que alivie el peso
que
tenemos en él.
Quizás Él solo nos está gritando:
-¡¡¡Pedalea!!! y nos pide que nos tomemos fuertes de ese
autobus que puede llevarnos hacia un futuro mejor.
Aun con un hilo de fe, tomemos los barrotes de subida y dejemos que Dios nos acompañe.
Cerremos los ojos, solo nos pide que confiemos en Él.
Una vez un reconocido guerrero indígena y la hija de una mujer que había sido matrona de la tribu, se enamoraron profundamente y habían pensado en casarse, para lo cual tenían el permiso del cacique de la tribu. Pero antes de formalizar el casamiento, fueron a ver al anciano de la tribu, un hombre muy respetado, que tenía palabras de sabiduría para ellos.
El sabio, les dijo que ellos eran buenos muchachos, jóvenes, y que no había ninguna razón para que alguien se opusiera a su casamiento. Entonces ellos le dijeron que querían hacer algo que les diera la fórmula para ser felices siempre.
El sabio les dijo:
- Bueno, hay algo que podemos hacer, pero no sé si están dispuestos
porque es bastante dispendioso.
- Estamos dispuestos, le dijeron.
Entonces el sabio le pidió al guerrero que escalara la montaña
más alta, y buscara allí el halcón más vigoroso,
el que volara más alto, el que le pareciera más fuerte, el que
tuviera el pico más afilado, y se lo trajera vivo. Y a la mujer le
dijo: a ti no te va a ser tan fácil. Vas a tener que internarte en
el monte, buscar el águila que te parezca que es la mejor cazadora,
la que vuele más alto, la que sea más fuerte, la de mejor mirada.
Vas a tener que cazarla sola, sin que nadie te ayude y vas a tener que traerla
viva aquí.
Cada uno salió a cumplir su tarea. Cuatro días
después volvieron con el ave que se les había encomendado, y
le preguntaron al sabio:
- ¿Ahora qué hacemos?, ¿las cocinamos?, ¿las comemos?,
¿qué debemos hacer con ellas?"
- No, nada de eso dijo riendo el sabio y les dijo: ¿ustedes quieren
ser felices?.
- Sí, le dijeron.
- ¿Volaban alto?, preguntó, ¿Eran fuertes sus alas, eran
sanas, independientes?
- Sí, contestaron.
- Muy bien, dijo el sabio. Ahora deben atarlas entre sí por las patas
y suéltenlas para que vuelen.
Así lo hicieron. Entonces el águila y el halcón
comenzaron a tropezarse, intentaron volar, pero lo único que lograban,
era revolcarse en el piso. Se hacían daño mutuamente, hasta
que empezaron a picotearse entre sí. Entonces el sabio de la tribu
les dijo:
- "Si ustedes quieren ser felices para siempre: "VUELEN, PERO JAMÁS
SE ATEN EL UNO AL OTRO".
Cuando dos personas se unen por amor, ambos desean íntimamente que
esa unión sea duradera. Nadie puede asegurar el éxito o el fracaso
de una relación. Los integrantes de la pareja, son los principales
protagonistas y de ellos depende que la relación perdure. Debemos tener
en cuenta que son dos personas diferentes unidas por un gran sentimiento:
El Amor.
El amor verdadero sólo se concibe en libertad. Las promesas,
los juramentos, los papeles legales forman parte del casamiento, pero no tienen
ningún efecto sobre el amor. El Amor llega cuando quiere y se va de
la misma manera. No hay quien pueda gobernarlo. Quien nos ama, sólo
espera que su amor sea respondido también con amor.
¿Pensaste cómo rezaría Dios el Padre Nuestro??
Hijo mío
que estás en la Tierra,
preocupado, solitario, desorientado.
Yo conozco perfectamente tu nombre, y lo
pronuncio santificándolo porque te amo.
No. No estás solo, sino habitado por mí,
y juntos construiremos este Reino,
del que tu vas a ser heredero.
Me gusta que hagas mi voluntad, porque
mi voluntad es que tú seas feliz.
Cuenta siempre conmigo y tendrás el pan
para hoy. No te preocupes.
Sólo te pido que sepas compartirlo con
tus hermanos.
Sabes que te perdono de todas tus
ofensas, antes incluso que las cometas,
porque te pido que hagas
lo mismo con los que a ti te ofenden.
Para que nunca caigas en la tentación
tómate fuerte de mi mano
y yo te libraré del mal.
Te quiere desde siempre
Tu Padre
Que el Señor nos bendiga y nos de la Paz
que Él solo puede dar.
Mi hijo nació como todos los niños, de una manera
normal. Ese día no pude estar presente, porque tenía que trabajar.
Mi esposa me contaba en las noches, cómo aprendió a comer, caminar,
balbucear y a correr de una manera sorprendente. Ante tanta emoción,
a veces quería estar presente; pero la serie de compromisos en el trabajo
... no tenía tiempo.
¡Cómo pasa el tiempo! ¡ Mi hijo creció tan rápido!
y cuando aprendió a hablar, siempre me decía: "PAPÁ,
ALGÚN DÍA VOY A SER COMO TU". Cada vez que me ausentaba
por viaje, me preguntaba ¿Cuándo regresas a casa? yo contestaba
"No lo sé hijo, muy pronto, pero cuando regrese jugaremos juntos
.... ya lo verás ...."
Cuando cumplió 10 años, me dijo: -Papa, gracias por la pelota
que me regalaste, hoy es domingo, ¿quieres jugar conmigo?
-Hoy no hijo, estoy cansado....todavía tengo mucho que hacer ....
-Está bien papá, será otro día.....y se fue corriendo
repitiendo siempre: "YO QUIERO SER COMO MI PAPÁ".
Muchas veces cuando estudiaba en el colegio, me decía:
-Papá, ...mamá siempre va a las reuniones del colegio, ¿por
qué no asistes siquiera hoy día, que es el día del padre?
Y siempre le respondía: "Cuánto quisiera hijo ... pero
tengo que trabajar, para alimentarlos y educarlos bien, te prometo, que el
otro año sí voy ..." El se iba diciendo: "tienes razón
papá, por eso : "YO QUIERO SER COMO TU".
Mi hijo terminó la universidad. Al verlo todo un hombre le dije:
-Estoy muy orgulloso de ti, siéntate ... ahora sí, hablemos
un poco ...
El me respondió:
-Hoy no papá, mira, mis amigos me están esperando, por favor
préstame tu automóvil, queremos dar un paseo por nuestra graduación.
Cuando me jubilé, mi hijo vivía en otro lugar ... ya tenía
familia y como yo ya tenía tiempo; lo llamé por teléfono
muy emocionado y le dije:
-HOLA HIJITO, QUIERO VERTE ...
Su respuesta fue: "Cómo me encantaría padre .. .pero es
que no tengo tiempo ... tú sabes ... los compromisos, el trabajo, los
niños .... pero gracias por llamar, fue muy hermoso oír tu voz."
Hoy ya anciano, estoy solo, mi esposa ya acompaña a Dios, y yo llamé
otra vez, emocionado para saludarnos por el día del Padre.
Su esposa me contestó: "Está de viaje, tuvo que firmar
un contrato importante, fue lo que me dijo. CASI NO LE QUEDA TIEMPO PARA SUS
HIJOS. Yo y mis hijos estamos muy apenados, pero qué se puede hacer.
Pero dejó muchos saludos para Ud., venga a casa .... lo esperamos"
Cuando colgué el teléfono, me di cuenta de que en verdad mi
hijo .... CUMPLIO SU PROMESA ...... ERA COMO YO.
Quise rectificar, pero ya era DEMASIADO TARDE.
PARA UN HIJO, AMOR, ES T I E M P O
!!!! DÉMOSLE TIEMPO A NUESTROS HIJOS !!!! ESTA ES LA MEJOR MANERA DE
HACERLES SENTIR CUANTO LOS AMAMOS. LO RECORDARÁN Y AGRADECERÁN
POR SIEMPRE, ADEMÁS QUE SERÍA UNA MANERA FÁCIL DE CAMBIAR
A LA HUMANIDAD.
Un grupo de científicos colocó cinco monos en
una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón
de bananas.
Cuando un mono subía la escalera para agarrar las bananas, los científicos
lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo.
Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera,
los otros lo agarraban a palos. Pasado algún tiempo más, ningún
mono subía la escalera, a pesar de la tentación de las bananas.
Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera
cosa que hizo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por
los otros, quienes le pegaron. Después de algunas palizas, el nuevo
integrante del grupo ya no subió más la escalera.
Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto
participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado,
y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente, el último de
los veteranos fue sustituido. Los científicos quedaron, entonces, con
un grupo de cinco monos que, aun cuando nunca recibieron un baño de
agua fría, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a las
bananas.
Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a
quien intentase subir la escalera, con certeza la respuesta sería:
"No se, las cosas siempre se han hecho así, aquí..."
Deprisa, entré en la tienda por departamentos a comprar
unos regalos de navidad a ultima hora. Miré a
mi alrededor toda la gente que allí había y me moleste un poco.
'Estaré aquí una eternidad; con tanto que
tengo que hacer pensé. La Navidad se había convertido ya casi
en una molestia. Estaba deseando dormirme por todo el tiempo que durara la
Navidad. Pero me apresuré lo mas que pude por entre la gente en la
tienda. Entré en el departamento de juguetes. Otra vez mas, me encontré
murmurando para mi misma sobre los precios de aquellos juguetes. Me pregunté
si mis nietos jugarían realmente con ellos.
De pronto, me encontré en la sección de muñecas. En una
esquina, me encontré un niñito, como de 5 años,
sosteniendo una preciosa muñeca. Estaba tocándole el cabello
y la sostenía muy tiernamente. No me pude
aguantar; me quede mirándolo fijamente y preguntándome para
quien sería la muñeca que sostenía, cuando de pronto
se le acercó una mujer, a la cual él llamó tía.
El niño le preguntó: "¿Estas segura que no tengo
dinero suficiente?" Y la mujer le contestó, con un tono impaciente:
"Tu sabes que no tienes suficiente dinero para comprarla." La mujer
le dijo al niño que se quedara allí donde estaba mientras ella
buscaba otras cosas que le faltaban.
El niño continuó sosteniendo la muñeca. Después
de un ratito, me le acerqué y le pregunte al niño para quien
era la muñeca.. Él me contestó: "Esta muñeca
es la que mi hermanita deseaba con tanto anhelo para navidad.
Ella estaba segura que Santa Claus se la iba a traer."
Yo le dije que lo mas seguro era que Santa Claus se la traería. Pero
él me contestó: "No, Santa no puede ir a donde mi hermanita
está. Yo le tengo que dar la muñeca a mi mamá para que
ella se la lleve a mi hermanita."
Yo le pregunté dónde estaba su hermana. El niño, con
una cara muy triste me contestó: "Ella se ha ido con
Jesús. Mi papá dice que mamá se va a ir con ella también."
Mi corazón casi deja de latir. Volví a mirar
al niño una y otra vez. Él continuó: "Le dije a
Papá que le dijera a Mamá que no se fuera todavía. Le
dije
que le dijera a ella que esperara un poco hasta que yo regresara de la tienda."
El niño me preguntó si quería
ver su foto y le dije que me encantaría. Entonces, él sacó
unas fotografías que tenia en su bolsillo y que
había tomado al frente de la tienda y me dijo: "Le dije a Papá
que le llevara estas fotos a mi mamá para
que ella nunca se olvide de mí. Quiero mucho a mi mamá y no
quisiera que ella se fuera. Pero papá dice que
ella se tiene que ir con mi hermanita." Me di cuenta que el niño
había bajado la cabeza y se había quedado
muy callado. Mientras el no miraba, metí la mano en mi cartera y saqué
unos billetes. Le dije al niño que
contáramos el dinero otra vez. El niño se entusiasmo mucho y
comento: "Yo sé que es suficiente." Y comenzó a contar
el dinero otra vez. El dinero ahora era suficiente para pagar la muñeca.
El niño, en una voz
muy suave, comentó: "Gracias Jesús por darme suficiente
dinero."
El niño entonces comentó: "Yo le acabo de pedir a Jesús
que me diera suficiente dinero para comprar esta
muñeca, para que así mi Mamá se la pueda llevar a mi
hermanita. Y Él oyó mi oración. Yo le quería pedir
dinero suficiente para comprarle a mi Mamá una rosa blanca también,
pero no lo hice. Pero El me acaba de
dar suficiente para comprar la muñeca y la rosa para mi Mamá.
A ella le gustan mucho las rosas. Le gustan
mucho las rosas blancas." En unos minutos la tía regresó
y yo, desapercibidamente, me fui. Mientras
terminaba mis compras, con un espíritu muy diferente al que tenia al
comenzar las compras, no podía dejar
de pensar en el niño. Seguí pensando en una historia que había
leído en el periódico unos días antes,
acerca de un accidente causado por un conductor ebrio, el cual había
causado un accidente donde había
perecido una niñita y su mamá estaba en estado de gravedad.
La familia estaba deliberando en si mantener
o no a la mujer con vida artificial y maquinas. Me di cuenta de inmediato
que este niño pertenecía a esa
familia.
Dos días mas tarde leí en el periódico que la mujer del
accidente había sido removida de la maquinaria que
la mantenía viva y había muerto. No me podía quitar de
la mente al niño. Mas tarde ese día, fui y compré un
ramo de rosas blancas y las llevé a la funeraria donde estaba el cuerpo
de la mujer. Y allí estaba, la mujer
del periódico, con una rosa blanca en su mano, una hermosa muñeca,
y la foto del niño en la tienda. Me
fui llorando... mi vida había cambiado para siempre.
El amor de aquel niño por su madre y su hermanita era enorme. En un
segundo, un conductor ebrio le había
destrozado la vida en pedazos a aquel niñito.
Ahora tu tienes la opción, tu puedes cambiar de actitud y ser más
sensible ante la necesidad de los demás, pudiendo convertirte en instrumento
de Dios para ayudar a otros.
La mente humana graba todo lo que le es enviado, sea a través
de palabras,
pensamientos o actos, suyos o de terceros, sean positivos o negativos,
basta con que usted los acepte. Esa acción siempre sucederá
independientemente de si trae resultados positivos para usted.
Un científico de Phoenix-Arizona USA quería probar esa teoría. Necesitaba un voluntario que llegase a las últimas consecuencias.
Consiguió en una penitenciaría. Era un condenado a muerte que sería ejecutado en la penitenciaría de St Louis en el estado de Missouri donde existe la pena de muerte ejecutada en la silla eléctrica.
Propuso lo siguiente: El participaría de un experimento científico, en el cual sería hecho un pequeño corte en el pulso, lo suficiente para gotear su sangre hasta la última gota. El tenía el chance de sobrevivir, en caso que la sangre coagulase. Si eso sucediera, el sería liberado; en caso contrario, el fallecería por perdida de sangre, ó sea una muerte sin sufrimiento y sin dolor
El condenado aceptó, pues era preferible eso, a morir en la silla eléctrica, además tenía un chance de sobrevivir.
El condenado fue colocado en una cama alta, de hospital, y amarraron su cuerpo para que no pudiera moverse. Hicieron un pequeño corte en su pulso.
Abajo de su pulso, fue colocada una pequeña vasija de aluminio. Se le dijo que oiría su sangre gotear en la vasija. El corte fue superficial y no alcanzó ninguna arteria o vena, pero fue lo suficiente para que el sintiera que el pulso fue cortado.
Sin que el supiera, debajo de la cama había un frasco de suero con una pequeña válvula. Al cortar el pulso, fue abierta la válvula del frasco para que él creyese que era su sangre la que caía en la vasija.
En verdad, era el suero en el frasco lo que goteaba. De 10 en 10 minutos,el científico, sin que el condenado lo viera, cerraba un poco la válvula y el goteo disminuía. Mientras tanto el condenado creía que era su sangre la que estaba disminuyendo.
Con el pasar del tiempo fue perdiendo color, quedando cada vez mas pálido.
Cuando el científico cerró por completo la válvula, el condenado tuvo un paro cardíaco y murió, sin ni siquiera haber perdido una gota de sangre.
El científico consiguió probar que la mente humana cumple, al pie de la letra, todo lo que le es enviado es aceptado por el individuo, sea positivo o negativo y que tal acción envuelve todo el organismo, sea en la parte orgánica o psíquica.
Esta historia es una alerta para que filtremos lo que nos envía
nuestra mente, pues ella no distingue lo real de la fantasía, lo cierto
de lo equivocado, simplemente graba y cumple lo que le es enviado.....
La Tacita
Se cuenta que una vez en Inglaterra, existía una pareja que gustaba
de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Una de esas
tiendas era una en donde vendían vajillas antiguas.
En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita. “¿Me
permite ver esa taza?” Preguntó la señora, “¡nunca
he visto nada tan fino como eso!” En cuanto tuvo en sus manos la taza,
escuchó que la tacita comenzó a hablar.
- Usted no entiende – Yo no siempre he sido esta taza que usted esta
sosteniendo. Hace mucho tiempo yo era solo un montón de barro. Mi creador
me tomo entre sus manos y me golpeó y me amoldó cariñosamente.
Luego llegó el momento en que me desesperé y le grité:
“Por favor”... Ya déjame en paz...
Pero mi amo sólo me sonrió y me dijo: ...”Aguanta un poco
más, todavía no es tiempo.”
Después me puso en un horno. Yo nunca había sentido tanto calor...
Me pregunté por que mi amo querría quemarme, así que
toqué la puerta del horno.
A través de la ventana del horno pude leer los labios de mi amo que
me decían: “Aguanta un poco más, todavía no es
tiempo...”
Finalmente se abrió la puerta, mi amo me tomó y me puso en una
repisa para que me enfriara.
“Así está mucho mejor”.. me dije a mi misma, pero
apenas me había refrescado, cuando mi creador ya me estaba cepillando
y pintando. El olor a la pintura era horrible...”Sentía que me
ahogaría”.....”Por favor detente...” le gritaba yo
a mi amo; pero él solo movía la cabeza haciendo un gesto negativo
y decía: “Aguanta un poco más, todavía no es tiempo...”
Al fin mi amo dejó de pintarme; pero, esta vez me tomó y me
metió nuevamente en otro horno... No era un horno como el primero;
sino que era mucho más caliente...
Ahora sí estaba segura que me sofocaría... Le rogué,
y le imploré a mi amo que me sacara...
Grité, lloré; pero mi creador sólo me miraba diciendo
“Aguanta un poco más, todavía no es tiempo”
En ese momento me di cuenta que no había esperanza... Nunca lograría
sobrevivir a ese horno... Justo cuando estaba a punto de darme por vencida
se abrió la puerta y mi amo me tomó cariñosamente y me
puso en una repisa que era aun más alta que la primera. Allí
me dejó un momento para que me refrescara.
Después de una hora de haber salido del segundo horno, mi amo me dio
un espejo y me dijo: “Mírate” “¡Esta eres tú!”
¡Yo no podía creerlo! ¡Esa no podía ser yo! Lo que
veía era hermoso. Mi amo nuevamente me dijo: “Yo sé que
te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos; pero si te hubiera
dejado como estabas, te hubieras secado. Sé que te causó mucho
calor y dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto allí,
seguramente te hubieras estrellado.
También sé que los gases de la pintura te provocaron muchas
molestias, pero de no haberte pintado tu vida no tendría color. Y si
no te hubiera puesto en el segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo,
porque tu dureza no habría sido la suficiente para que subsistieras.
¡”Ahora tú eres un producto terminado!” “¡Eres
lo que imaginé cuando te comencé a formar!”.
El lama impartía enseñanzas a los monjes y novicios
del monasterio.
Siguiendo la doctrina del Buda, ponía especial énfasis en captar
la transitoriedad de todos los fenómenos, así como de aquietarse,
retirarse de los pensamientos y, en meditación profunda, percibir en
el glorioso vacío interior la voz de la mente iluminada. Mostraba métodos
muy antiguos a sus discípulos para que pudieran apartarse del pensamiento
y vaciar la mente de
inútiles contenidos.
- Vaciaos, vaciaos - exhortaba incansablemente a los discípulos.
Así un día y otro día, con la misma insistencia que las
aguas fluyen en el seno del río o el ocaso sigue al amanecer.
- Vaciaos, vaciaos.
Tanto insistiera en ello, que algunos discípulos acudieron a visitar al maestro y le dijeron respetuosamente:
- Venerable maestro, en absoluto ponemos en duda la validez de tus enseñanzas, pero . . .
- ¿Pero?- preguntó el lama con una sonrisa en los labios.
- ¿Por qué pones tanto énfasis en que nos vaciemos? ¿Acaso, respetado maestro, no acentúas demasiado ese aspecto de la enseñanza?
- Me gusta que me cuestionéis - dijo el lama-. No quiero que aceptéis nada que no sea sometido al escrutinio de vuestra inteligencia primordial. Ahora debo llevar a cabo sin demora mi práctica meditacional, pero solicito que todos vosotros os reunáis al anochecer conmigo en el santuario. Eso sí, queridos míos, quiero que cada uno de vosotros traiga consigo un vaso lleno de agua.
Los discípulos disimularon como pudieron su asombro e incluso alguno de ellos se vio obligado a sofocar la risa.
¿Será posible? O sea, que su maestro les pedía algo tan ridículo como que todos ellos fueran al santuario portando un vaso lleno de agua. ¿Se trataría de algún rito especial? ¿Sería una ofrenda que iban a hacer a alguna de las deidades?
Fue transcurriendo el día con lenta seguridad. Los discípulos
no dejaban de conjeturar sobre la extraña solicitud del maestro. Unos
aventuraban si no se trataría de una ceremonia especial en honor de
la misericordiosa Tara; otros pensaban que tal vez era que el lama les iba
a hacer leer durante toda la noche las escrituras y que el agua era para evitar
la excesiva sequedad de
boca; otros confesaban no tener la menor idea del por qué de la insólita
petición del lama.
El sol, anaranjado-oro, se comenzaba a ocultar tras los inmensos picos que se divisaban a lo lejos. Los discípulos tomaron cada uno de ellos un vaso y lo llenaron de agua. Luego, ansiosos por desvelar el misterio, fueron hasta el santuario y se presentaron ante el maestro.
- Bueno chicos - dijo el maestro riendo con su excelente humor-. Ahora vais a hacer algo muy simple. Golpead los vasos con cualquier objeto. Quiero escuchar el sonido, la música capaz de brotar de vuestros vasos.
Los discípulos golpearon los vasos. De los mismos no brotó más que un feo sonido sordo, desde luego nada musical.
Entonces el maestro ordenó:
- Ahora, queridos míos, vaciad los vasos y repetid la operación.
Así lo hicieron los monjes. Vaciados los vasos, golpearon
en ellos y surgió
un sonido vivo, intenso, musical.
Los discípulos miraron al lama interrogantes. El lama
esbozó una sonrisita
amorosamente pícara y se limitó a decir:
- Vaso lleno no suena; mente atiborrada no luce. Os deseo felices sueños.
Los discípulos, un poco avergonzados, comprendieron al momento. Nunca habrían de olvidar aquello de "vaso lleno no suena".
"Cuando eliminamos los densos nubarrones de ignorancia
de la mente, en el vacío original de la misma surge el revelador sonido
de la iluminación."
Una linda historia que confirma que las casualidades no existen.
El nuevo Sacerdote, recién asignado a su primer ministerio para reabrir
una iglesia en los suburbios de Brooklyn, Nueva York, llegó a comienzo
de octubre entusiasmado con sus primeras oportunidades. Cuando vió
la iglesia se encontró conque estaba en pésimas condiciones
y requería de mucho trabajo de reparación. Se fijó la
meta de tener todo listo a tiempo para oficiar su primer servicio en la Nochebuena.
Trabajó arduamente, reparando los bancos, empañetando las paredes, pintando, etc., y para el 18 de diciembre ya habían casi concluido con los trabajos, adelantándose a la meta trazada.
El 19 de diciembre cayo una terrible tempestad que azoto el área por dos días completos. El día 21 el sacerdote fue a ver la iglesia. Su corazón se contrajo cuando vio que el agua se había filtrado a través del techo, causando que un área considerable del pañote, de unos 20 por 8 pies cayo de la pared frontal del santuario, exactamente detrás del pulpito dejando un hueco que empezaba como a la altura de la cabeza. El sacerdote limpio el desastre en el piso, y no sabiendo que mas hacer sino posponer el servicio de Nochebuena, salió para su casa.
En el camino noto que una tienda local estaba llevando a cabo una venta del tipo "mercado de pulgas", con fines caritativos, y decidió entrar. Uno de los artículos era un hermoso mantel hecho a mano, color hueso, con un trabajo exquisito de aplicaciones, bellos colores y una cruz bordada en el centro. Era justamente el tamaño adecuado para cubrir el hueco en la pared frontal.
Lo comprò y volvió atrás camino a la iglesia.
Ya para ese entonces
había comenzado a nevar. Una mujer mayor iba corriendo desde la dirección
opuesta tratando de alcanzar el autobús, pero finalmente lo perdió.
El sacerdote la invito a esperar en la iglesia donde había
calefacción, por el próximo autobús que tardaría
45 minutos mas en llegar. La señora se sentó en el banco sin
prestar atención al pastor mientras, este buscaba una escalera, ganchos,
etc., para colocar el mantel como tapiz en la pared. El sacerdote apenas podía
creer lo hermoso que lucia y como cubría toda el área del problema.
Entonces él miro a la mujer que venia caminando hacia abajo, desde
el pasillo del centro. Su cara estaba blanca como una hoja de papel.
-"Padre, ¿donde consiguió usted ese mantel?"
El padre le explicó. La mujer le pidió revisar
la esquina inferior
derecha para ver si las iniciales EGB aparecían bordadas allí.
Si, estaban. Estas eran las iniciales de la mujer y ella había hecho
ese mantel 35 anos atrás en Austria. La mujer apenas podía creerlo
cuando el pastor le contó como acababa de obtener el mantel. La mujer
le explico que antes de la guerra ella y su esposo tenían una posición
económica holgada en Austria. Cuando los Nazis llegaron, la forzaron
a irse. Su esposo debía seguirla la semana siguiente. Ella fue capturada,
enviada a prisión y nunca volvió a ver a su esposo ni su casa.
El pastor la llevo en el carro hasta su casa
y ofreció regalarle el mantel, pero ella lo rechazo diciéndole
que
era lo menos que podía hacer. Se sentía muy agradecida pues
vivía al otro lado de Staten Island y solamente estaba en Brooklyn
por el día para un trabajo de limpieza de casa.
¡Que maravilloso fue el servicio de la Nochebuena! La iglesia estaba
casi llena. La música y el espíritu que reinaban eran increíbles.
Al
final del servicio, el sacerdote despidió a todos en la puerta y muchos
expresaron que volverían. Un hombre mayor, que el pastor reconoció
del vecindario, seguía sentado en uno de los bancos mirando hacia el
frente, y el padre se preguntaba por que no se iba. El hombre le pregunto
donde había obtenido ese mantel que estaba en la pared del frente,
porque era idéntico al que su esposa había hecho anos atrás
en Austria antes de la guerra y como podían haber dos manteles tan
idénticos? El le relato al padre como llegaron los Nazis y como el
forzó a su esposa a irse, para la seguridad de ella, y como el estaba
supuesto a seguirla, pero había sido arrestado y enviado a prisión.
Nunca volvió a ver a su esposa ni su hogar en todos aquellos 35 años.
El pastor le pregunto si le permitiría llevarlo con el
a dar una
vuelta.
Se dirigieron en el carro hacia Staten Island, hasta la misma
casa
donde el padre había llevado la mujer tres días atrás.
El ayudo al hombre a subir los tres pisos de escalera que conducían
al apartamento de la mujer, toco en la puerta y presencio la mas bella reunión
de Navidad que pudo haber imaginado.
Una historia real - ofrecida por el Padre Rob Reid. Quien dice
que
Dios trabaja en formas misteriosas.
EL CORAZÓN
Las cosas mejores y más bellas del mundo no pueden verse ni tocarse...
pero se sienten en el corazón.
Helen Keller
Mi mujer y yo nos separamos a fines de diciembre y, como ustedes supondrán,
tuve un enero muy difícil. Durante la sesión de la terapia que
empecé para poder manejar la confusión emocional desatada por
la separación, le pedí a mi terapeuta que me diera algo que
me ayudara en mi nueva vida. No sabía si estaría
de acuerdo y, si lo estaba, no tenía idea de qué podía
proponerme.
Me alegró que accediera enseguida y, como esperaba, me dio algo totalmente
inesperado. Me entregó un corazón, un corazoncito muy simpático,
hecho a mano, pintado de colores brillantes. Se lo había dado un paciente
anterior que también había pasado por un divorcio y que, como
yo, tenía problemas para acceder
a sus sentimientos. Agregó que no era para que lo guardara, sino para
que lo tuviera hasta conseguir mi propio corazón. Entonces, debía
devolvérselo. Comprendí que lo que me daba era un corazón
material como objetivo visual, o como una especie de representación
material de mi búsqueda de una vida emocional más rica. Lo acepté
con la expectativa de futuras conexiones emocionales más profundas.
En ese momento no me di cuenta de lo rápido que empezaría a
trabajar ese maravilloso regalo.
Después de la sesión, coloqué el corazón con cuidado
en el tablero de mi auto y conduje excitado todo el trayecto para ir a buscar
a mi hija Juli-Ann, pues era la primera noche que iba a dormir en mi nueva
casa. Al subir al auto, inmediatamente se sintió atraída por
el corazón, lo tomó, lo examinó y me preguntó
qué era. No sabía muy bien si debía explicarle todo el
fondo psicológico porque después de todo, todavía era
una niña. Pero decidí que se lo diría.
-Es un regalo de mi terapeuta para ayudarme a pasar este momento difícil;
y no es para que lo conserve, sino para tenerlo hasta encontrar mi propio
corazón
-le expliqué.
Juli-Ann no hizo ningún comentario. Volví a preguntarme si debí
decírselo. A los once años, ¿podía comprender?
¿Qué idea podía tener del enorme abismo que trataba de
franquear para romper mis viejos esquemas y desarrollar vínculos más
profundos, ricos y afectivos con la gente?
Unas semanas más tarde, mi hija estaba nuevamente en casa y me entregó
mi regalo del Día de San Valentín temprano: una cajita que ella
misma había pintado de rojo, delicadamente atada con una cinta roja
y coronada con un bombón que compartimos. Abrí la cajita, lleno
de expectativa. Para mi gran sorpresa,
extraje un corazoncito similar al mío, que ella había hecho
y pintado para mí. La miré con suspicacia, tratando de averiguar
qué quería decirme. ¿Por qué me regalaba una réplica
de lo que mi terapeuta me había dado?
A continuación me entregó lentamente una tarjeta que había
hecho. Le daba vergüenza lo que había puesto en ella, pero al
fin me permitió abrirla y leerla.
Era una poesía muy por encima de su edad. Había comprendido
totalmente el significado del regalo de mi terapeuta. Juli-Ann me había
escrito la poesía más conmovedora y afectuosa que había
leído en mi vida. Me brotaban lágrimas de los ojos y mi corazón
se abrió:
Para Papá
Aquí tienes un corazón
Para que lo guardes
Para el gran salto
Que estás tratando de dar.
Diviértete en tu viaje,
Puede no ser claro.
Pero cuando llegues allá,
Aprende a querer.
Feliz Día de San Valentín,
Te quiere, tu hija, Juli-Ann
Por encima de toda mi riqueza material, considero que esta poesía es
mi tesoro más sagrado.
RAYMOND L. AARON
(Del libro "Una Taza de Chocolate caliente para el Alma")
AMISTAD
- Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor, solicito permiso
para ir a buscarlo.
-Permiso denegado - replicó el oficial. No quiero que arriesgue su
vida por un hombre que probablemente ha muerto.
El soldado desobedeciendo la prohibición, salió y una hora más
tarde regresó mortalmente herido, transportando el cadáver de
su amigo.
El oficial estaba furioso: -¡Ya le dije que había muerto! ¡Ahora
he perdido a dos hombres! Dígame, ¿merecía la pena salir
para traer un cadáver? Y el soldado, moribundo, respondió: “¡Claro
que sí, señor! cuando lo encontré, todavía estaba
vivo y pudo decirme: Juan...estaba seguro de que vendrías”.
Anthony de Mello
El círculo del 99
Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que
como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. Todas las mañanas
llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres
canciones. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para
con la vida era siempre serena y alegre.
Un día el rey lo mandó a llamar.
Paje -le dijo- ¿cuál es el secreto?
¿Qué secreto, Majestad?
¿Cuál es el secreto de tu alegría?
¿Por qué está siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por
qué?
Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome
atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos
ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia
de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo
no estar feliz?
Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar -dijo el rey-..
Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo,
pero no hay nada que yo esté ocultando...
Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!
El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y ,alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
¿Por qué él es feliz?
Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
¿Fuera del círculo?
Así es.
¿Y eso es lo que lo hace feliz?
No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz
Así es.
¿Y cómo salió?
¡Nunca entró!
¿Qué círculo es ese?
El círculo del 99.
Verdaderamente, no te entiendo nada -dijo el Rey-.
La única manera para que entiendas, sería mostrártelo
en los hechos.
¿Cómo?
Haciendo entrar a tu paje en el <![endif]--> No hace falta, Su Majestad.
Si le damos la oportunidad, él entrará solo en el círculo.
¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
Si, se dará cuenta.
Entonces no entrará.
No lo podrá evitar.
¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le
causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos
entrará en él y no podrá salir?
Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente
para poder entender la estructura del círculo?
Sí
Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa
de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. 99!
¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso?
Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
Hasta la noche.
Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al
rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto
a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa
se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa
y le pinchó un papel que decía: "Este tesoro es tuyo. Es
el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie como
lo encontraste".
Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó
y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey
espiaban desde detrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente
vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el
sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra
el pecho, miró hacia todos lados de la puerta y entró a su hogar.
El rey y el sabio se arrimaron a la ventana para ver la escena.
El sirviente ingresó presuroso a su hogar y con su brazo arrojó
al piso todo lo que había sobre la mesa, dejando sólo la vela.
Se sentó y vació el contenido de la bolsa... Sus ojos no podían
creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro!
El, que nunca había tocado una de estas monedas, tenia hoy una montaña
de ellas. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar
a la luz de la vela, las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas.
Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una
pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis.... y mientras
sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60....hasta que formó la última pila:
¡9 monedas!
Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más.
Luego el piso y finalmente la bolsa. «No puede ser», pensó.
Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era
más baja.
Me robaron -gritó- ¡me robaron!
Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en
la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles,
pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose
de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había
99 monedas de oro "sólo 99". -99 monedas es mucho dinero-
pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número
completo -pensaba- Cien es un número completo pero noventa y nueve,
no.
El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma,
estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían
vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus,
por el que se asomaban los dientes. El sirviente guardó las monedas
en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía,
escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma
y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría
que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?
Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro
hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más.
Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas
de oro un hombre es rico.
Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo.
Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía,
en once o doce años juntaría lo necesario. «Doce años
es mucho tiempo», pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa
que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después
de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde,
podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.
Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa,
en siete años reuniría el dinero. ¡Era demasiado tiempo!
Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las
noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más
comida habría para vender... vender... vender...
Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno? ¿Para
qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro
años de sacrificios llegaría a su moneda cien. El rey y el sabio,
volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del
99...
Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando de pocas pulgas.
¿Qué te pasa?- preguntó el rey de buen
modo.
Nada me pasa, nada me pasa.
Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza,
que fuera su bufón y su juglar también?
No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.
Todos nosotros hemos sido educados en esta estúpida ideología: Siempre nos falta algo para estar completos, y sólo completos se puede gozar de lo que se tiene. Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta... Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.
Pero qué pasaría si la iluminación llegara
a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que nuestras
99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie
se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien
que noventa y nueve, que todo es sólo una trampa, una zanahoria puesta
frente a nosotros para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices
o resignados. Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga
igual... ¿Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos
disfrutar de nuestros tesoros tal como están?
Las RATAS no resisten las grandes
alturas
Cuentan que un joven piloto ingles se lanzo, con un pequeño avión
monomotor, a una peligrosa aventura alrededor del mundo.
En su recorrido, al despegar de un improvisado aerodromos de la India, oyo
un ruido extraño detrás de su asiento. Se dio cuenta que habia
una rata a bordo.
A punto de volver al aeropuerto recordo que las ratas no resisten
las grandes alturas. Volando cada vez mas alto, poco a poco cesaron los ruidos
que ponian en peligro su viaje.
Que leccion nos deja esto?
Si amenazan destruirte por envidia o calumnia: VUELA MAS ALTO
Si te critican: VUELA MAS ALTO
Si te hicieran alguna injusticia: VUELA MAS ALTO
Recuerda siempre que las RATAS no resisten en las GRANDES ALTURAS...
Naranjas para el personal
José trabajaba en una empresa desde hace dos años.
Siempre fue muy serio, dedicado y cumplidor de sus obligaciones.
Llegaba puntual y estaba orgulloso que en 2 años nunca recibió
una amonestación
Cierto día buscó al Gerente para hacerle un reclamo: -Señor,
trabajo en la empresa hace dos años con bastante esmero y estoy a gusto
con mi puesto, pero siento que he sido postergado.
Mire; Fernando ingresó a un puesto igual al mío hace sólo
6 meses y ya ha sido promovido a Supervisor.
-¡Uhmm!-mostrando preocupación- le dice el gerente. Mientras
resolvemos esto, quisiera pedirte que me ayudes a resolver un problema. Quiero
dar fruta al personal para la sobremesa del almuerzo de hoy.
En la bodega de la esquina venden fruta. Por favor, averigua si tienen naranjas.
José se esmeró en cumplir con el encargo y en 5 minutos estaba
de vuelta. -Bueno José, ¿qué averiguaste? -Señor,
tienen naranjas para la venta. -¿Y cuánto cuestan? -¡Ah!...
No pregunté por eso. -Ok, ¿pero viste si tenían suficientes
naranjas para todo el personal? (preguntaba serio). -Tampoco pregunté
por eso señor. -¿Hay alguna fruta que pueda sustituir la naranja?
-No sé señor, pero creo... -Bueno, siéntate un momento.
El Gerente tomó el teléfono y mandó llamar a Fernando.
Cuando se presentó, le dio las mismas instrucciones que le diera a
José y en 10 minutos estaba de vuelta. Cuando retornó el Gerente
pregunta: -Bien Fernando, qué noticias me tienes? -Señor, tienen
naranjas, lo suficiente para atender a todo el personal, y si prefiere también
tienen plátano, papaya, melón y mango. La naranja está
a 1,5 pesos el kilo, el plátano a 2,2, el mango a 0,9 el kilo, la papaya
y el melón a 2,8 pesos el kilo. Me dicen que si la compra es por cantidad,
nos darán un descuento del 8%. He dejado separada la naranja pero si
usted escoge otra fruta debo regresar para confirmar el pedido.
-Muchas gracias Fernando, pero espera un momento..
Se dirige a José, que aún seguía esperando estupefacto
y le dice: -José, qué me decías? Nada señor, eso
es todo, muchísimas gracias, con su permiso..
Autor desconocido
Cuando trabajes para alguien, trabaja realmente para ese alguien, tus energías
y tu voluntad debe orientarse hacia la verdadera realización que tu
empleador está buscando para el desarrollo de su empresa. Cuando uno
emprende una tarea y la desarrolla hasta convertirla en un lugar de trabajo
grande con capacidad para dar trabajo a otros, está buscando gente
que se sume a la tarea de hacer más y mejor las cosas. Está
buscando gente que realmente comparta un ideal y trabaje por ello. No basta
con subirse a un carro y que sea uno el que tira del mismo, mientras otros
van sentados simplemente porque cumplen con la función de llenar un
espacio. Ese espacio debe ser ganado, debe ser cuidado y debe ser engrandecido
por las acciones nuestras en cada acto, en cada minuto. Si quieres ser reconocido
por tus acciones, vela antes por tus intenciones, pues ellas son las que registren
una marca en cada cosa que hagas.
En un lugar de trabajo, tanto el empleador como el empleado están sujetos
a una relación social que no depende de normas contratistas solamente,
también existe algo que se llama "ética" y "buena
voluntad", cuando esto funciona tanto en uno como en otro, las relaciones
laborales pueden desarrollarse en ámbito de armonía y verdadera
producción. Desarrolla el amor por lo que haces, haz de tu trabajo
una aventura de conocimiento, aventúrate en tu producción para
hacer de cada día un logro excepcional aún en las cosas más
pequeñas. Un centavo no vale mucho si lo comparas con el billete más
fuerte, pero muchos centavos son los ladrillos por el que un billete realmente
vale.
La vida es un camino que recorremos, juntando de a pedazos trozos del espíritu,
que como un rompecabezas nos dejará ver el resultado final solo cuando
tengamos suficiente conciencia para saber de un milagro producido en el tiempo.
QUIÉN SE LLEVA AL HIJO?
Un hombre rico y su hijo tenían gran pasión por el arte. Tenían
de todo en su colección; desde Picasso hasta Rafael.
Muy a menudo,se sentaban juntos a admirar las grandes obras de arte, desgraciadamente,
el hijo fue a la guerra.
Fue muy valiente y murió en la batalla mientras rescataba a otro soldado.
El padre recibió la noticia y sufrió profundamente la muerte
de su único hijo.
Un mes más tarde, justo antes de la Navidad, alguien tocó a
la puerta.
Un joven con un gran paquete en sus manos dijo al padre:
"Señor, usted no me conoce, pero yo soy el soldado por quien su
hijo dio la vida". El salvó muchas vidas ese día, y me
estaba llevando a un lugar seguro cuando una bala le atravesó el pecho,
muriendo así instantáneamente.
"Él hablaba muy a menudo de usted y de su amor por el arte."
El muchacho extendió los brazos para entregar el paquete:
Yo no soy un gran artista, pero creo que a su hijo le hubiera gustado que
usted recibiera esto. " El padre abrió el paquete.
Era un retrato de su hijo vestido de militar, pintado por el joven soldado.
El contempló con profunda admiración la manera en que el soldado
había capturado la personalidad de su hijo en la pintura.
El padre estaba tan atraído por la expresión de los ojos de
su hijo que los suyos propios se arrasaron de lágrimas. Le agradeció
al joven soldado y ofreció pagarle por el cuadro. "Oh no, Señor,
yo nunca podría pagarle lo que su hijo hizo por mi. Es un regalo.
El padre colgó el retrato arriba de la repisa de su chimenea. Cada
vez que los visitantes e invitados llegaban a su casa, les mostraba el retrato
de su hijo antes de mostrar su famosa galería. El hombre murió
unos meses más tarde y se anunció una subasta con todas las
pinturas que poseía.
Mucha gente importante e influyente acudió con grandes expectativas
de hacerse con un famoso cuadro de la colección.
Sobre la plataforma estaba el retrato del hijo. El subastador golpeo su mazo
para dar inicio a la subasta.
"Empezaremos los remates con este retrato del hijo, ¿quién
ofrece por este retrato?"
Hubo un gran silencio. Entonces una voz del fondo de la habitación
grito:
"Queremos ver las pinturas famosas", "Olvídese de esa".
Sin embargo el subastador persistió: "Alguien ofrece algo por
esta pintura?
$100.00? $200.00?" Otra voz gritó con enojo: "No venimos
por esa
pintura, venimos por los Van Goghs, los Rembrandts. Vamos a las ofertas de
verdad"
Pero aun así el subastador continuaba su labor:
"El Hijo, El Hijo, ¿¿Quién se lleva El hijo?"
Finalmente una voz se oyó desde muy atrás de la habitación:
"Yo doy diez dólares por la pintura" Era el viejo jardinero
del padre y del hijo. Siendo un hombre muy pobre, era lo único que
podía ofrecer.
"Tenemos $10, ¿¿Quién da $20?", grito el subastador.
La multitud se estaba enojando mucho. No querían la pintura de El Hijo.
Querían las que representaban una valiosa inversión para sus
propias coleccion.
El subastador golpeo por fin el mazo: "Va una, van dos, VENDIDA por $10"
"Empecemos con la colección!", grito uno. El subastador soltó
su mazo y dijo: "Lo siento mucho, damas y caballeros, pero la subasta
llego a su final"
¿¿Pero, y las pinturas?", dijeron los interesados; "Lo
siento...", contesto el subastador; "cuando me llamaron para conducir
esta subasta, se me dijo de un secreto estipulado en el testamento del dueño.
Yo no tenía permitido revelar esta estipulación hasta este preciso
momento.
Solamente la pintura de EL HIJO sería subastada. Aquel que la aceptara
heredaría absolutamente todas las posesiones de este hombre, incluyendo
las famosas pinturas. El hombre que aceptó quedarse con EL HIJO se
queda con TODO"
REFLEXIÓN:
Dios nos ha entregado a su Hijo, quien murió en una cruz hace 2,000
años.
Así como el subastador, su mensaje hoy es: "EL HIJO, EL HIJO,
QUIÉN SE LLEVA EL HIJO?" Quien ama al Hijo lo tiene todo.
Mateo 6:33
"Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas, se
os darán por añadidura."
El Gusano y el Escarabajo
Había una vez un gusano y un escarabajo que eran amigos, pasaban charlando
horas y horas.
El escarabajo estaba consciente de que su amigo era muy limitado en movilidad,
tenía una visibilidad muy restringida y era muy tranquilo comparado
con los de su especie.
El gusano estaba muy consciente de que su amigo venía de otro ambiente,
comía cosas que le parecían desagradables y era muy acelerado
para su estándar de vida, tenía una imagen grotesca y hablaba
con mucha rapidez.
Un día, la compañera del escarabajo le cuestionó la amistad
hacia el gusano.
¿Cómo era posible que caminara tanto para ir al encuentro del
gusano? A lo que él respondió que el gusano estaba limitado
en sus movimientos. ¿Por qué seguía siendo amigo de un
insecto que no le regresaba los saludos efusivos que el escarabajo hacía
desde lejos?
Esto era entendido por él, ya que sabía de su limitada visión,
muchas veces ni siquiera sabía que alguien lo saludaba y cuando se
daba cuenta, no distinguía si se trataba de él para contestar
el saludo, sin embargo calló para no discutir.
Fueron muchas las respuestas que en el escarabajo buscaron para cuestionar
la amistad con el gusano, que al final, éste decidió poner a
prueba la amistad alejándose un tiempo para esperar que el gusano lo
buscara.
Pasó el tiempo y la noticia llegó: el gusano estaba muriendo,
pues su organismo lo traicionaba por tanto esfuerzo, cada día emprendía
el camino para llegar hasta su amigo y la noche lo obligaba a retornar hasta
su lugar de origen.
El escarabajo decidió ir a ver sin preguntar a su compañera
qué opinaba.
En el camino varios insectos le contaron las peripecias del gusano por saber
qué le había pasado a su amigo. Le contaron de cómo se
exponía día a día para ir a dónde él se
encontraba, pasando cerca del nido de los pájaros. De cómo sobrevivió
al ataque de las hormigas y así sucesivamente.
Llegó el escarabajo hasta el árbol en que yacía el gusano
esperando pasar a mejor vida. Al verlo acercarse, con las últimas fuerzas
que la vida te da, le dijo cuánto le alegraba que se encontrara bien.
Sonrió por última vez y se despidió de su amigo sabiendo
que nada malo le había pasado.
El escarabajo avergonzado de sí mismo, por haber confiado su amistad
en otros oídos que no eran los suyos, había perdido muchas horas
de regocijo que las pláticas con su amigo le proporcionaban. Al final
entendió que el gusano, siendo tan diferente, tan limitado y tan distinto
de lo que él era, era su amigo, a quien respetaba y quería no
tanto por la especie a la que pertenecía sino porque le ofreció
su amistad.
El escarabajo aprendió varias lecciones ese día. La amistad
está en ti y no el los demás, si la cultivas en tu propio ser,
encontrarás el gozo del amigo. También entendió que el
tiempo no delimita las amistades, tampoco las razas o las limitantes propias
ni las ajenas. Lo que más le impactó fue que el tiempo y la
distancia no destruyen una amistad, son las dudas y nuestros temores los que
más nos afectan. Y cuando pierdes un amigo una parte de ti se va con
él. Las frases, los gestos, los temores, las alegrías e ilusiones
compartidas en el capullo de la confianza se van con él.
El escarabajo murió después de un tiempo. Nunca se le escuchó
quejarse de quien mal le aconsejó, pues fue decisión propia
el poner en manos extrañas su amistad, solo para verla escurrirse como
agua entre los dedos.
Si tienes un amigo no pongas en tela de duda lo que es, pues sembrando dudas
cosecharás temores. No te fijes demasiado en cómo habla, cuánto
tiene, qué come o qué hace, pues estarás poniendo en
una vasija rota tu confianza.
Dijo la madre Teresa: "Voy a pasar por la vida una sola vez, cualquier
cosa buena que yo pueda hacer o alguna amabilidad que pueda hacer a algún
humano, debo hacerlo ahora, porque no pasaré de nuevo por ahí..."
Un niño y su padre, estaban caminando en las montañas.
De repente, el
hijo
se cae, se lastima y grita: -¡Hooola!
Para su sorpresa oye una voz repitiendo en algún lugar
de la montaña: -
¡Hooola!
Con curiosidad el niño grita: - ¿Quién está ahí?.
Recibe una respuesta: - ¿Quién está ahí?.
Enojado con la respuesta, el niño grita: - Cobarde.
Y recibe de respuesta: - Cobarde.
El niño mira a su padre y le pregunta: - ¿Que sucede?
El padre, sonríe y le dice: - Hijo mío, presta atención.
Y entonces el padre grita a la montaña: - Te admiro.
Y la voz responde: - Te admiro.
De nuevo, el hombre grita: - Eres un campeón.
Y la voz le responde: - Eres un campeón.
El niño estaba asombrado, pero no entendía.
Luego, el padre le explica: - La gente lo llama eco, pero en
realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices o haces. Nuestra vida es
simplemente un reflejo de nuestra acciones. Si deseas más amor en el
mundo, crea más amor a tu alrededor. Si deseas felicidad, da felicidad
a los que te rodean. Si quieres una sonrisa en el alma, da una sonrisa al
alma de los que conoces. Esta relación se aplica a todos los aspectos
de la vida. La vida te dará de regreso exactamente aquello que tu le
haz dado. Tu vida no es una coincidencia, es un reflejo de ti, alguien dijo:
"Si no te gusta lo que recibes de vuelta, revisa muy bien lo que estás
dando..."
Y tu, ¿estás conforme con lo que recibes?...
Había una vez un Rey que ofreció un gran premio
a aquel artista que pudiera
captar en una pintura la paz perfecta.
Muchos artistas intentaron. El rey observo y admiro todas las pinturas,
pero
solamente hubo dos que a el realmente le gustaron y tuvo que escoger entre
ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto
donde
se reflejaban unas placidas montanas que lo rodeaban. Sobre estas se
encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que
miraron
esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas
eran escabrosas y
descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía
un impetuoso
aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar
un espumoso
torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacifico.
Pero cuando el Rey observo cuidadosamente, él miró tras la cascada
un
delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se
encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída
de agua,
estaba sentado placidamente un pajarito en el medio de su nido... Paz
perfecta.
El Rey escogió la segunda. ¿Sabes porque? Porque, explicaba
el Rey, "Paz no
significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o
sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas
permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero
significado de la paz".
Cuando encuentres la paz en tu interior, encontraras el equilibrio en tu
vida
Acostumbro tener un calendario del cual día a día arranco la
hoja del día anterior. Algo bastante simple, excepto cuando dejé
de hacerlo por un par de meses, y al tratar de arrancar todas las hojas atrasadas
no pude hacerlo, pues una a la vez es fácil, pero todas juntas es muy
diferente.
Lo mismo sucede con nosotros cuando no nos perdonamos día a día, o cuando guardamos rencores o sufrimientos.
Muchas veces nosotros mismos no nos perdonamos errores y decidimos cargarlos en silencio, haciendo cada vez más difícil la tarea de arrancarlos de nuestras vidas.
Pero no acumules más hojas de tu vida; decide hoy arrancarlas de ti y ser libre, pues para eso fuiste hecho.
No acumules tus penas y dáselas cada día a quien
ya pagó por todas y cada una de ellas en una cruz.
(Arturo Quirós Lépiz)